“Sin Esfuerzo”

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“Cómo convertirse en millonario sin esfuerzo” “Aprendé idiomas sin esfuerzo” ”Ahora logralo sin esfuerzo” … Palabras seductoras para cualquier consumidor desprevenido, que no lee entre líneas lo que estos mensajes implican. Además del análisis psicológico que puede iniciarse a partir de esas palabras (respecto al cual no haré hincapié ahora, para darle mayor envergadura al tema que hoy compete), existe un planteo de cierta importancia que parece que a muchos se les olvida reflexionar. Y es que, al parecer, hay gente que aún no descubre que las cosas que se logran fácilmente son carentes de importancia, de valor, y que así como vienen en un soplido, en otro segundo se van, sin dejo de rastros más que la desilusión. Dice un dicho “La pereza es madre de todos los vicios” – y agrega de forma humorística Les Luthiers, “y como madre, hay que respetarla”- pero todos hemos sido hijos y llegado un punto, nos sentamos a reflexionar sobre las cosas y es así como, con la rebeldía, nos vamos desprendiendo de nuestros lazos paternales para empezar a trazar nuestro propio camino elegido por nosotros mismos; pues entonces, es momento de discernir con esta madre pereza y comprender que el esfuerzo es, no sólo necesario, sino reconfortante, porque al esforzarse por lograr un objetivo o una meta uno siente un desafío que da gusto aceptar.

Sí, no niego que a todos nos encanta hacer nada por unos momentos, simplemente sentarnos a descansar y que las cosas se hagan solas, “por arte de magia”, pero… ¿qué sentido tiene armar un puzzle? ¿verlo terminado?, ¿qué sentido tiene una amistad? ¿tener un número más en la lista?, ¿qué sentido tiene jugar basquet, o voley, o fútbol, o cualquier otro juego o deporte? ¿ganar? ¿o jugar? Pues yo creo que lo interesante, tanto como lo importante, está en el momento que se dedica a tal o cual cosa, no en el final, sino en el recorrido. Si creyéramos que lo importante es el resultado, entonces… ¿la importancia de nuestra vida reside en nuestra muerte? No lo creo de ningún modo.
El esfuerzo NO ES DAÑINO, no te come, no. No contiene en él ninguna clase de connotación negativa, al contrario, es benigno. Cuando uno pone empeño en algo, lo valora por cada pequeño o gran obstáculo superado, por cada gota de sudor que dejó al romper una barrera, por cada victoria, por cada derrota, por cada tropiezo. Lo valora, lo quiere, porque ha dejado en ello una parte de sí, y por eso, cuidará de él. ¿Cuánto más valor tiene aprender a andar en bicicleta, que el hecho que alguien te lleve en ella? ¿Cuánta más importancia le damos a una comida hecha por mamá o por la abuela, que una comprada en una tienda de comida rápida? ¿Cuánta más alegría damos al regalar un garabato hecho por nosotros mismos, que un cuadro comprado? Hay miles de ejemplos que ponen en evidencia la importancia y el disfrute que reside en el esfuerzo.

¡Basta de buscar el facilismo! ¡Manos a la obra! Es hora de DISFRUTAR la vida a cada instante, poniéndole empeño en cada cosa que hagamos.

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