Septiembre: mes de los sueños – Una estrella fugaz

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No quería perderme de escribir algo respecto a esta propuesta que hice un año atrás. Septiembre, mes de los sueños. Y es verdad –en cierta forma-, llega esta época y algo adentro mío me hace dar ganas de bailar, de reír, de cantar, de saltar, de ser feliz por sólo respirar profundo… Pero vayamos a lo que vinimos: SUEÑOS.

Hace un año atrás hablé de “sueños” y hablé de dos tipos de sueños. De los que atañen al mundo onírico, y de los que pertenecen a los deseos profundos de cada quien. Hoy, quiero hablar un poco de los dos, porque mientras Sueño o el Hombre de Arena (Sandman) esparce su mágico polvo entre los pobladores de ciudades nocturnas para adormecerlas, el cielo se muestra estrellado, y las estrellas…

Así como tengo esa divertida obsesión por buscar tréboles de cuatro hojas –en cuanto veo un montoncito de tréboles no puedo evitar detenerme a buscarlos-, tengo la costumbre, manía –u otra obsesión- de buscar entre las estrellas, alguna que se fugue del firmamento y se vista con cola de novia. Noches oscuras, con luna nueva, noches de viajes, en rutas donde no existe contaminación lumínica urbana, noches de campamento y de vida silvestre… o un apagón general en una ciudad. Es hermoso mirar hacia arriba cuando es noche, y permanecer viendo las estrellas. Unas con luces más azules, otras con llama roja, algunas amarillas, la mayoría con luz blanca como luna, diferentes tamaños, diferentes formas y agrupaciones. Las estrellas crean un arte difícil de no apreciar.

Pero lo más bello… esa estrella que cae como paracaidista, como un relámpago, como un ave herida. En la cultura japonesa se cree que cuando una estrella cae, es porque alguien ha muerto, y a la vez, que desde las estrellas nos miran las personas queridas que han fallecido. Cuando era muy pequeña, recuerdo… –o creo recordar, tal vez fue un sueño que tuve, tal vez un cuento que me contó un hada- recuerdo que estábamos en un lugar con árboles, al aire libre. Era de noche y el cielo estaba maravilloso, oscuro, negro, como un manto fino y elegante. Estábamos ahí un par de niños, entre ellos mis hermanos y yo, y también mi mamá y algunos adultos más. No sé qué hacíamos, pero recuerdo que vimos caer una estrella fugaz, y quisimos ir a buscarla. Creo que los mayores no nos dejaron o que al cabo de unos minutos desistimos de la búsqueda, lo que recuerdo es que en ese entonces no sabía ni el tamaño ni la forma de lo que buscaba… ¿Cómo era una estrella caída? ¿Sería tan brillante como lo era en ese manto negro que nos miraba desde arriba? Si así fuera, la encontraríamos rápido, pero no fue así. Pensé que alguien más ya la habría encontrado, porque no se divisaba ninguna fuente de luz de estrella entre los árboles. Unos meses después, recuerdo, “comprendí” que las estrellas, una vez caen a la tierra, son besadas por las olas del mar, quien les crea cinco patas y le da esa forma pentaestrella que todos conocemos.

Volviendo al tema, también se dice en Japón que al ver una estrella fugaz, si se repite tres veces un deseo antes de que la estrella se desvanezca, el deseo se cumple. He buscado miles y miles de estrellas fugaces, y he pedido decena de veces deseos a las estrellas… pero es difícil, en ese lapso en que uno está absorto por la sorpresa y la maravilla de una estrella fugaz, repetir tres veces el deseo, antes de verla desaparecer.

Sé que una vez, una sola vez, logré pedir mi deseo tres veces antes de su desaparición… fue como un impulso que hizo mi cuerpo por sí mismo, yo no pensaba en las palabras que se formulaban para mi petitorio… era un sueño muy íntimo, muy mío, muy profundo, muy querido… creo… creo que ese deseo se está cumpliendo con el paso del tiempo, a paso lento, como la vida de las estrellas, pero de a poco…

¿Y ustedes? ¿Han pedido alguna vez a alguna estrella vestida de novia, que les conceda un deseo antes de su olímpica caída?

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  1. Vivo en un lugar que por lo general permanece nublado, es raro, muy raro, un cielo despejado, a eso se suma la contaminación lumínica (esa manía por la luz que tiene el ser humano, no tolera la oscuridad ni el silencio), por lo que ver una estrella fugaz, acá, resulta casi imposible, casi tan raro como encontrarse un trébol de cuatro hojas, que luego de más de tres décadas de búsqueda, aún no he visto el primero.

    • Ánimos, yo ya voy por el vigésimo trébol de 4 hojas en sólo 3 años :), pronto encontrarás el tuyo… En tanto a las estrellas… alguna salida fuera de la ciudad, después de que caiga el sol, tal vez te permita verlas…

      • ¿De veras has encontrado tréboles de cuatro hojas? ¡Toda una hazaña! Y bueno, cuando salga algún día de la ciudad…

    • Que pena,vivo en Ecuador y hace poco mi esposo encontró 17 tréboles de cuatro hojas, así que fuimos a buscar más con mis hijos y encontramos más de cincuenta en un momento.

    • Yo creo que sí, “algo” al menos, hace. Si uno cree, no importa en qué o quién, pero CREE, las cosas se dan, poco a poco, se van dando… 🙂 Abrazo amiga!

  2. He visto en algunas ocasiones una estrella fugaz pero en este momento me quede impactada porque nunca habia visto una tan cercas, estaba en la sala de mi casa y tengo unas ventas un poco altas y en el momento que mire hacia la venta la estrella fugaz cruzaba por ahi que no lo podia creer hemosa como si fuera una estrella dorada y con una rapidez que pense que habia caido enseguida de mi casa.

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