La fuente de los deseos

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(Paréntesis al tema de los sueños:

Pinceladas verdes
de punta redonda
crean con su trazo
los paréntesis del camino.
El agua fresca, corriendo,
me alimenta.
Dos pequeñas montañas
se descubren granos en mis manos
y el amarillo celestial
juega con mis cabellos y el viento.
…)

* * *

La fontana dei Trevi

Alguna vez, viví en Italia
(alguna vez, nací allá, también).

fontana dei trevi

El camino que me trajo a estas bellísimas tierras sureñas, me encontró con una cocinita de juguete en mis manos, y una sensación de no-sé-qué, pero la certeza de que algo no era lo que parecía. Era extraño, llevarme mi cocinita de juguete a un viaje de ida y de vuelta. El tren, las piedras blancas, esa mañana indescriptible…

Y en algún momento, mágicamente (o no tanto), aparezco en Roma. En una especie de platea a la espera de ningún show, sólo una partida. Sillas blancas, muy blancas… y nosotros, mi familia, ahí. Y entonces, Roma. Mis abuelos se quedan, no quieren caminar más… ¿habríamos caminado mucho? No lo sé. Sé que conocí la existencia de otras calles de adobes aparte de la única calle que había en el pueblo donde vivíamos… sólo que más bonitas: formas circulares, ondeadas, formando figuras a cada piedra. Vi danzar a dos marionetas, al compás de una melodía… y no olvidé jamás esa mágica conexión entre el magnetismo y la música.

Jugamos, recuerdo, en una bellísima fuente que encontramos en nuestro camino de fotos y pantalones cortos. Jugamos como muchos otros niños: el agua… ¡el agua! ¿qué mejor juego para un niño, que uno que sea con agua?. La realidad es que no debía haberme mojado, no debía haber salpicado mi remera de solcito rojo con cielo violeta… por alguna razón, eso no podía ser (entre ellas, el enojo de mamá). Y el sol brillaba, pero no lo suficiente para mí; entibiaba, pero de a suspiros… y no secaba mi remera.

Seguimos camino, y más fotos y más anteojos oscuros y pantalones cortos caminaban con nosotros.

La “fuente de los deseos” se presentó antes nuestros rostros salpicados de luz… y entonces la conocí. La Fontana dei Trevi. Su historia se remonta al I a.C., al igual que su encanto artístico. La Fontana di Trevi, como el resto de fuentes monumentales romanas, fue en su momento el punto de llegada de uno de los grandes acueductos de la Roma antigua, en este caso, el “Aqua Virgo”, inaugurado en 19 a.C. por el cuñado del emperador romano Augusto, Marco Vipsanio Agripa…
Se dice que si alguien arroja una moneda en la Fontana dei Trevi se cumple un deseo. Algunos hablan de que ese deseo es el de volver a Roma, otros son más líberos y dicen que se cumple un deseo cualquiera. Lo que sí es bien sabido es que miles y miles de monedas son arrojadas diariamente a esa fuente mágica  (y luego son recogidas por el Ayuntamiento de Roma y destinado a obras de caridad… por lo que supongo que el deseo se gesta en el momento que la moneda toca el agua, entonces… ¿no?).

Lo que a mí me sucedió -y ahora que el sueño fue cumplido, puedo decirlo- es que pedí que mi remera secase rápido: muy, muy rápido. Y tan sólo en una hora, ya estaba seca del todo… Es posible que ahora parezca un deseo un tonto… pero en su momento, fue la fuerza de la magia actuando en pos de la alegría de una pequeña niña.

¡Salud!

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