La pared

Estándar

Algo se resquebrajó.

Una textura firme, pero maleable
se hizo trocitos planos,
finos,
pequeños y medianos.

La textura suave
de las plataformas
se hizo polvillo entre los dedos
y esa sensación placentera
de estrujarlos y enpequeñecerlos
se volvió irrefrenable.

La pared,
por su parte,
quedó un poco manchada;
tal vez,
hasta dolida.
No fue un pincel
ni una pintura:
un golpe seco
que le sangró.
Ni la mancha de humedad
hízole tanto barullo
en su estómago
cuasi estético.

Ahora,
está quieta.

Respira.

Espera a un cuadro
que le cubra su dolor.

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