No me nombres

Estándar

No es fácil dirigírseme, lo sé.

Lo sé porque a veces
quiero una cosa
y otras, otra.

Porque
si me decís por mi nombre
completo
puedo sentir un reto
antes que un abrazo.

Si utilizás algún apodo,
de seguro siento cariño
o tal vez, la nada misma.

Si le hablás
a mis pseudónimos
entiendo que me valorás
por lo que hay dentro.

Si me decís por mi nombre,
mi nombrecito sólo,
puedo sentirte más lejano
de lo que querría.

Y si, en cambio,
le quitás letras
a mi pila de nombre
dos cosas pueden pasar:
que te quiera al instante
(por sentirte, también yo,
cercano);
o querer, en tu nombre
con letritas menos,
abrazarte fuerte
y protegerte.

Pero si me llamás
con palabras de miel,
teniendo un hueco en tu alma…
Si me hablás
como si me conocieras de siempre,
si me abrazás con sólo nombrarme
y no respondés a ello
con el resto de tu discurso
(discurso de letras
y de manos),
entonces…
entonces entendé
que no vas a encontrarte
más que con una pared,
una muy alta,
como una torre,
que construí,
sólo por instantes,
por no dejarte entrar
a vos
en mí.

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