Tormenta estrellada

Estándar

Si al menos tuviese la seguridad suprema de envolver aquel paquete y entregarlo, me sentiría mejor. Pero el mismo magma astrológico me dicta que aún no es tiempo. Y, como entendí en el fondo de mis venas, hace tan sólo unos soles atrás, que incluso una buena decisión tomada en un mal momento puede ser una mala decisión, estoy así: esperando que ese magma desista en su decisión y me anime a concluir esa misión. O soñando que nunca deba hacerlo, soñando poder tener una esperanza, esa que nunca se acaba. Aunque… quién sabe, tal vez, incluso en esa estrella esperada, mi regalo caería en manos de su destinatario. No lo sé. Por ahora, espero.

Los viajes tienen su magia, la lluvia tiene su encanto, las tormentas su poder, las estrellas su camino. La magia de mi viaje me condujo al poder de las tormentas del corazón, bajo la mirada de las estrellas hermanas, que se debatían entre llover y no llover, entre el encanto y el sosiego de un poco de sueño de arenas. El espectáculo era algo maravilloso: una cabeza despejada (¿o serían, acaso, los largos cabellos astrales?), donde mis hermanas me saludan con sus vestidos de noche y sus sonrisas radiantes; y un corazón tormentoso (¿o acaso, sería los ojos del mundo celestial?), fuerte y poderoso en toda su extensión, de punta a punta en el paisaje. Se discutía, sobre la mesa, diferentes y contrapuestas decisiones, perspectivas, pasos a seguir. Las nubes no estaban dispuestas a ceder. Lucharían, si fuese necesario. Sangrarían lluvia, si así necesitaba ser. Pero no cederían en sus decisiones: todas estaban seguras de que tenían que arriesgarlo todo. El tiempo les devolvería todas sus cartas. El tiempo les trería más cabellos astrales, suaves y brillantes.

Y en medio de esa discusión, veía, luchando por no decaer, mi estrella… mi querida hermana. Apenas se sostenía de su cruz, de la cola de aquel cometa al que llaman cruz. Pero había alguien más… ¿cómo te llamás, pequeñita de mi alma, libélula de los mil colores? Te agradezco tus oídos y tus miradas tiernas, te agradezco las palabras… te agradece mi alma.

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