Charla entre dos

Estándar

“Y sin embargo, gana él”. Dijo una amiga que hablaba de bermudas y medias largas. Me dio pie para escribir, aunque hacía horas que intentaba y nada, che. Nada. Y es que no todos los días es un buen día para poesía. A veces, escribir a lo largo es más gustoso y más sencillo. Otras, crear figuras altísimas se vuelve un encanto fascinante. Pero hoy, estoy apaciguada, tranquila, con sueño. Por eso la prosa.

Bueno, no, no es verdad. Pero igual, hoy mis dedos decidieron no crear columnas sino vigas, tal vez porque que ya tengo mis columnas bien armadas. Aunque sé que por más metáfora que quiera encontrar, hoy estoy inventándolo todo.

“La esperanza es lo último que se pierde, aunque a veces es mejor perderla”, continúo yo. Ahora un rock and roll intenta hacerme creer que no estoy reflexionando en realidad y que si escribo prosa es pura casualidad. Pero no. Sé del reflejo que veo en el charco, y sé que me sirve a mí, para hablarme y tomar fuerzas y coraje. Y ya está, sé que con eso basta. Morfeo se avecina y ya todo deja de tener sentido de preocupación. Mañana quiero levantarme con las primeras luces y eso requiere mi concentración en apoyar la cabeza en el colchón, cerrar los ojos, y permanecer así durante horas.

“Directamente, dale a la semilla dentro de la fruta”, le digo con otras palabras. En San Pedro llovió con granizo, y se rumorea que la piedra helada perforó hasta el carozo de los dulces duraznos…¡¿qué será de la gente bonaerense, que se queda sin sus duraznos de San Pedro?. Pero es lo más efectivo: la dirección justa. Una luz alumbra más si su fuente y su objetivo no tienen obstáculos entre medio; la luz difusa brinda menos luz a quien lo pide, y se pierde en brazos de alguien que no quiere su brillo.

Hace unos días utilicé una frase que me gustó muchísimo y que ahora le escribo a ella: “sospecho que cuando digo estas palabras, digo otras”. Porque entiendo que debo decirle lo que creo saber, aunque no puedo decírselo yo. Así, creamos una cadena entre sabedores y no sabedores, totalmente absurda. El mundo es más estúpido que dañino, por eso temo más a la estupidez que a la maldad. De hecho, no creo en verdad en la maldad. Es demasiado estúpida para ser verdad… ¿o será que la estupidez humana en verdad no tiene límites? … Espero que no. Vivimos en un planeta finito, la estupidez debe tener un freno también. De cualquier manera, decir que “temo” no es del todo certero. Acepto a la estupidez (no queda otra), pero no le temo. La combato, como puedo. 

La cuestión es que yo sigo escribiendo y sé que esto no tiene fin. Y no puede ser así. La mañana soleada me espera, y bien temprano. Así que, en verdad, sin conclusiones ni parciales ni totales, me despido de ustedes. Sé que estoy utilizando el blog más como descargo propio que como charla, y no era este su fin. Pero… ¿les ha pasado, necesitar hablar y hablar de miles de cosas a un amigo, porque precisan un abrazo y les cuesta mucho más pedírselo directamente? Creo que puede ser eso.

Bien, si alguno quiere mate: yo cebo. Yo no tomo, porque desde hace tiempo me cae mal, pero ofrezco también té. En tacita china y en hebras: el té de naranjo en hojas y el té de jazmín son una maravilla. Los invito. Los espero. Sean felices.

¡Salud!

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