La confianza. Una excepción.

Estándar

Tengo ganas de estar verborrágica. (sí, ya… como si no lo fuera). Es que…
fue realmente impresionante… “La verdad”. Esa verdad. La estupidez
humana mezclada con lo terrible, cuando se hace cotidiano. Y visto en
un escenario, sabiéndose real. No es en sí lo que decían: esa verdad ya
me la conozco. Es el cómo lo dijeron… ¿generará alguna modificación en
el alma de alguno de los espectadores? La excepción. Así se llamaba la
obra.

No somos todos iguales, por supuesto que no. Somos todos únicos e
irrepetibles. Pero es cierto que el sistema en el que vivimos aliena, que
logra, tal como la industria, fabricar ejemplares muy similares entre sí.
Pero siempre hay excepciones.

El sistema: una fórmula que crea millones y millones de productos
repetidos, idénticos… Pero siempre hay fallas. En el mercado textil,
muchas de estas fallas sirven de igual modo, sólo se venden a un menor
precio. En otros casos, el producto fallado no sirve, y se lo elimina.
Con la sociedad muchas veces pasa eso. Pero… una pieza diferente, ¿es
realmente una falla? Puede que al sistema sí. Pero, intrínsecamente ¿lo
es?. Depende del modo en que se lo quiera ver, por supuesto. Muchos
sostendrán nuevamente el sí. Otros, dirán que no. Otros, podrán
entender ambas visiones y posicionarse en una, o entender que depende
de la situación específica de cada caso.
“¿Nunca has visto al perro lamer la mano de quien le ha pegado?”,
preguntó el intento de futura novia del sultán, la misma que maltrató a
la muchacha de quien, luego, temía. Sí, temor.

Intentaré ser un poco más comprensiva: no están entendiendo nada,
salvo que hayan tenido esa suerte de haber estado en la misma ciudad
que yo esta noche y haber visto la obra. Entonces, les cuento un poco
mejor cómo fue la cosa, así realmente les hablo a ustedes y no a mí
misma. Pero a la vez, no quiero quitarles el chiste de saber cómo va la
obra… aunque si les cuento mi reflexión, sería casi peor. Pero me gusta la
reflexión, así que ¿me permiten contárselas igualmente?

Una mujer de clase alta y nariz que apunta al sol, contrató a un hombre y
una chiquilla (a quien se la clasifica de clase baja) para atravesar el
desierto y ganar una carrera de novias, cuya recompensa era la mano del
sultán. En su intento por enamorar al hombre, ella fracasa: el corazón
del joven estaba junto al alma de la chiquilla. Lo despide, y sigue camino
con la chiquilla, a quien maltrata durante todo el trayecto. Como
consecuencia de su accionar, comienza a temer que ella quiera
venganza, y cada vez más, está a la defensiva.

Estar a la defensiva significa muchas cosas e implica muchas otras.
Significa que tenés miedo de un ataque, que hay algo que sabés que no
está bien y esperás que alguien te lo diga. Implica que intepretás las
cosas de un sólo modo (el que esperás de antemano), que no escuchás
realmente al otro, sino a vos mismo en el otro: a tus miedos.

La mujer, intento de futura novia, mata a la chiquilla cuando ella se le
acerca con un objeto grande en la mano. Temía que quisiera matarla con
una gran piedra. Le dispara.

La chiquilla sólo quería darle agua: no importaba cuánto la odiase por el
maltrato, no quería que se muriera. Por dos cosas: una, porque no; la
otra, porque si moría de sed y ella aún tenía agua, la acusarían de
homicidio. Así que se acercó a darle agua, y la mujer la mató.

Claro, claro. ¿Cómo iba a pensar, la mujer, que ella quería ofrecerle agua,
si ella todo lo que hacía era maltratarla?. Hay personas que… Esperen,
mejor así: “Hay personas… SÍ, TODAVÍA HAY PERSONAS que, aunque le
claves un puñal, te abrazan fuerte”. ¿Por qué? Porque son seres
abundantes, fuertes. Saben que cuando una persona clava un puñal, es
porque teme que alguien más le haga lo mismo. Estos seres quieren
comunicar algo: confianza. Aún se puede confiar.

“No importa si me mentís descaradamente en mis propias narices,
queriendo lastimarme; yo voy a hablarte con sinceridad, a darte mi
confianza y el amor que siento por el mundo. Quiero que entiendas que
aún se puede confiar. Pero más allá de eso, quiero que empieces a
confiar. Cuando vos empieces brindar confianza, así, descaradamente,
no te va a quedar otra que confiar en los demás. Cuando seamos muchos
los que entreguemos nuestra confianza, seremos muchos los que
confiemos. Cuando seamos todos quienes confiemos, no habrá
desconfianza, y se podrá construir la armonía”.

Bueno, sí. Quería escribir algo más bello y más profundo también. Me quedo con sabor a poco. El sueño no me deja expresar exactamente lo que quiero… Supongo que retomaré el tema en otra oportunidad: viene siendo un tema que cada vez me importa más…

Los despido, con un gran abrazo. Sean felices. Gracias por venir a matear conmigo. Los quiero, sean quienes sean 🙂

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