Caminando a paso esperanzado

Estándar

 

Creo que… ¿volví?
Es un tanto tedioso desandar el camino andado, sobretodo cuando tanto costó caminarlo. Pero es verdad que sucede, que una abeja puede hacer que soltemos la soga y bajemos unos cuantos metros de pendiente. De repente retornamos en sí y nos tomamos con fuerza de la soga, sufriendo los rasguños calientes de la fricción. Respiramos hondo, intentando no sentir el dolor y seguir subiendo. Pero cuando las manos ya derraman lava, es necesario respirar un poco más, detenerse y curarse las heridas. Siempre hay una piedra firme cerca, que nos permite descansar las manos húmedas y acomodarnos el espíritu. Retomado el aliento, respirado hondo, limpiadas las heridas, nos tomamos con renovada fuerza y llegamos fácilmente a nuestro punto último, antes de la caída. Y volvemos a caminar con él como nuevo comienzo.
Y seguimos caminando.
La esperanza renovada, el sol al otro lado de la cima, y en nuestro corazón. Las piernas fuertes, las manos llenas de vida…
Seguimos caminando.

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