De par en par

Estándar

Aquella vez, la Luna estaba en cinta y la brisa con aroma a vino rodaba cuesta arriba por la avenida que caminábamos. Aquella noche, oí un ruido tras la puerta y supe que la premonición era certera.

Una sonrisa tierna y comprensiva con aires a septiembre (a la primavera vestida de sencillez y de ternura) me prestó sus alpargatas, y sin pensarlo dije que quería caminar con ellas. Todo lo andado hasta entonces, incluso el amor anidado en mí, perdió de súbito tal sentido y se transformó.

Cuando me senté a su lado sin saber más que su nombre, su perfecta voz y el fascinante escenario que él creaba (nunca supe cómo sucedió) sabía que nada quería yo decir, que todo lo quería saber de él, de ese mundo.

El día más joven que caminó me dijo más verdades y me decidió a pisar con un pie. El otro, aún más niño, me permitió el abrazo violeta que se grabó en mi piel.

 

villa giardino

Un viaje de aventurera me llevó a otro plano y aprendí a volar. Un sol de verano me besó en los labios y volví a sonreír. Volví a sonreír.

Y de repente, todos los caminos fueron a Roma. Y Roma, era otra ciudad. Y él estaba en Roma. Algo me gritaba que ESE era el camino.

La Vida da vueltas y, en sus picardías, se detiene. Te lanza un zapato, o un halcón, y te deja un mensaje grabado. Hoy, fue un halcón. Llegó a mi ventana y se posó en el dintel. Me susurró al oído que, pronto, habrá una fiesta de soles y que mi camino me llevará a Roma.

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