Cascarita, cascarón

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Cascarita, cascarón.

Todos tenemos una cáscara de la cual salir. Al revés que los pollitos, no rompemos nuestra cáscara al nacer, para bienvenir a la realidad… sino, más bien al revés. Nacemos sin cascarita ni cascarón. Nacemos permeables como las esponjas, sonrientes como el sol, abundantes como el amor y la vida misma. Nacemos, y crecemos. Y en nuestro crecimiento nos construimos un paredón, un cascarón. 

Hasta acá, todo normal, todo sabido. ¿No?.

Lo que aprendí hoy es que muchas veces no soy real. Muchas veces no estoy. Cuando tengo puesta mi coraza, no soy. Sólo existe una mentira de mí, que impide que cualquier otro a mi lado pueda ser. Es un mal social, eso de no ser real. De hecho, muy pocas personas se sueltan a ser sin pensarlo, se sueltan a la realidad quitando toda la ficción artificial que los protocolos sociales han impuesto.

Muchas veces siento que “no sirvo como persona”. Es una frase muy típica de mí. No tanto dicha al aire, sino pensada. La pienso al menos una o dos veces al día. Y la mayoría de esas veces, las creo. Sé que cuando digo o pienso esa frase, me refiero a que no sé, no entiendo lo que se espera de mí en determinadas situaciones.

El protocolo social tácito impone que, cuando alguien te cuenta algo por lo que está triste, te compadezcas y dejes mostrar una cara tristona por unos instantes; cuando alguien te felicita por algún logro, digas que no es tanta cosa; cuando alguien dice un chiste que tenga que ver con sexo, te resulte gracioso y te rías; cuando vayas a una fiesta de gala, vayas formal (y si se puede con brillos, mejor) aunque suelas andar siempre de joggin y buzo ancho; cuando vas a trabajar, maquillarte; cuando estés triste, hacerte la fuerte.

Y bueno, la verdad. No me gusta ni me sale siempre ser como la sociedad espera que sea. Sobretodo porque no siempre sé qué es lo que se espera en algunas situaciones que me son nuevas. Cuando ando así, pensando delicadamente cómo apoyo la punta de los pies para caminar, pensando qué pensará tal o cual que signifique, me convierto en plástico: desaparezco del mundo real y no existo. Dejo que mi cáscara interactúe con los demás y yo me escabullo hacia el centro de la nada, olvidada en un rincón.

Eso es: cascarita, cascarón. 

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  1. EXCELENTE…
    Eso creo,y hago,de vez en cuando, uno debe volver a ese cascaron, a refugiarse de esta sociedad con la que interactuamos….. para una introspección, para recuperar la esencia….y volver a sentirnos UNICOS, DIOSES CREADORES, Con defectos y virtudes, humildes seres de luz….y por sobre todo…de AMOR….
    Namasté-
    Sil

    • Gracias, Sil… últimamente estoy metida en ese cascarón del que hablás… suficientemente introspectiva como para escribir en el blog… Ayer recordé lo hermoso que es escribir… y lo mucho que sirve para hablar con uno mismo también… Charlas entre mates: mates con amigos, compañeros, familia, pero también con uno mismo. Gracias por tus palabras.
      Te abrazo,
      Gi

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