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Acerca de Arhii

Enamorada de la vida y del amor. Abanderada de la alegría y las sonrisas. Con el sueño de ver al mundo reír, cantar y bailar.

Manipuladora

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Una nueva situación.
No es ni sombra, ni fantasma.

Es de piel y hueso.
Y con un filo bien afilado.

Se cuela en mi vida, la desgracia.
Nos nubla el juicio con sus amenazas.

Otra vez, pesadillas.

El poder que ejerce con su manipulación
destroza todos los dones que la vida nos regala.
Los retuerce con sus mentiras inventadas.
Las repita con tanta frecuencia que,
tal vez, ya las crea ciertas.

Pero cambia, ¡oh, sí, cambia!
Cambia su discurso como un camaleón.
Cambia las palabras
para que vayan en su favor.

Repta suave y con sigilo
enroscándose en los cuellos.
De él y míos.
Y nos retuerce,
quiere infundirnos el miedo
de morir asfixiados.

Y un retoño, pequeñito,
se cobija en nuestros brazos
mientras le sonreímos,
intentando hacerlo ajeno
a tanto veneno.

Danos fuerza, Vida.

A él, para ver luz
incluso a través de la cortina de humo.

A mí, para no desesperar
de tanta crueldad.

Paz. Amor. Fuerza. Coraje

 

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Quiero seguir

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Nada tan emocionante como la montaña rusa de la vida.

Tal como en la giostra, subo y bajo a una velocidad vertiginosa
(menos mal que evito el mate para dormir el estrés).

Vivir bebiendo un miedo constante es parte de mí:
sueño en grande,
y soñar con ambición hace que mi estómago cruja
con cada paso que doy.

Esto es distinto.

Es un miedo asfixiante.
Uno que acecha constantemente a través de una pantalla,
intentando apuñalar a los seres que más amo,
sin poder jamás aferrarme a ellos,
por si alguna vez esa mano los matara a los dos.

Vida.
Dame fuerzas.

Dame fuerzas para seguir,
para no rendirme.

Dame fuerzas para seguir.

Dame fuerzas para seguir.

Dame fuerzas para seguir.

Habitación encerrada; burbuja impenetrable

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Has dejado la puerta a medio cerrar.
como un haz de luz envenenado,
puedo ver la tristeza aflorando desde el portal…
Y vos abrazándote… solo.

Decidiste tomar mochilas propias y ajenas,
para sentirte pesado y acompañado.
El dolor y el sufrimiento son tus compañeros.
No hay espacio para nadie más.

Te aferrás a la tristeza, regordeándote en ella.
Como si así pagaras un canon de alguna deuda.
Tal vez así te sentís cerca de los tuyos…
aunque, así, me apartes.

Golpeo a la puerta, aun advirtiendo
el cartel que dejaste a modo de escudo:
“Déjame solo: solo quiero estar”

Entiendo que ya no hay lugar ahí
para los dos.

Aún así, lo intento.

Me pedís, me suplicás que te dé espacio.
Que son tus problemas, tus pesares, tus dolores.
Que nada tienen que ver conmigo.
Que no querés compartirlo.

Te levantás, y construís un muro que nos separa.
Que no pueda ver tu dolor: esa es tu meta.

Que ya no pueda verte, nunca.
Es la consecuencia.
Te sé cada vez más lejos,
pero no me siento morir.

Me atiborro de escudos y protecciones.
Acorazo mi corazón y lo vuelvo de hielo.

No soporto más dolor.

Me escondo cada vez más en mi burbuja,
huyendo de la distancia que siento entre nosotros.

Y la distancia se agranda,
como la Luna cuando se posa en su cénit.

Cada vez más lejos.
Cada vez más dolor.

Vos, sufriendo solo, encerrado entre cuatro paredes.
Yo, sufriendo sola, en mi burbuja impenetrable.

Quizá, llegue el día en que vuelvas a verme.
Quizá, un día tome coraje y me arriesgue a ver
si detrás de la puerta, entreabierta,
estás esperándome
o  si aún me necesitás lejos.

Y cada día que pase
mi corazón se endurecerá más.
Para no sufrir.
Para seguir viviendo.

Claro que tengo miedo

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Hace ya unos cuantos años, había iniciado una secuencia de entradas referidas a los sueños, durante el mes de septiembre.

Y es que después de tanto hibernar, y recrearme a mí misma durante un largo invierno, después de podarme hojas y ramas, sentía que septiembre me sonreía con fuerza con sus soles abrigados y los brotes por doquier.

Septiembre… ¿me de los sueños?

Con el tiempo, centré mi trabajo en la confección de agendas temáticas, de las que me siento feliz y orgullosa porque muchas personas me contaron que su vida cambió al conocer y usar eso que hago.

En tales agendas, sin querer, cambién de septiembre, a febrero. Febrero, el mes de los sueños. Septiembre, mes de… florecer.

Y justo ahora, me siento en ambos momentos a la vez: animándome a soñar en grande, y a la vez, sintiéndome “bastante” fuerte como para llevar adelante mi sueño.

Me siento insegura, aterrada… Tengo potencial, lo sé, pero mi fronterizo me dice al oído que mi miedo me va a frenar, que otra vez me pondré palos en la rueda. Que nuevamente no voy a lograrlo…

Pero recuerdo que no tengo opción. Que es lograrlo, o hundirme. Y por eso sigo adelante. Gimiendo por dentro, desangrándome. Con miedos que no dejo que nadie más vea, porque nadie más comprende.

Todos te dicen “no tengas miedo”. ¿Cómo no tenerlo? Claro que lo tengo. La cuestión no es tener miedo o no. La cuestión es cómo luchar contra el miedo, cómo mitigarlo, cómo reducirlo a cenizas.

¡Claro que tengo miedo! Si no lo logro, todo mi trabajo de 7 años quedará paralizado y posiblemente frustrado.

¡Claro que voy a tener miedo! Hasta ahora la constancia no fue mi amiga. Me he puesto palos en la rueda continuamente para no ser perseverante, porque siempre tuve miedo de lograrlo y de no lograrlo a la vez.

¿Cómo no tener miedo, si hasta ahora nunca me demostré que puedo superar todos mis miedos y conquistar mis sueños?

¡Claro que tengo miedo!.

Lo importante, es hacerlo a un lado, reducirlo a polvo. Seguir mirando al frente a la meta, y sentir suficiente motivación para no bajar los brazos en ningún momento, pase lo que pase. Seguir, cueste lo que cueste.

Aunque sienta que los brazos y las piernas me pesan tanto como un yunque, seguir. Aunque tenga un nudo en el estómago, seguir. Aunque me sienta enferma por dentro, seguir.

Y seguir “siguiendo” sin interrupción. Sin flaqueos. Porque por cualquier hueco puede escabullirse y tomar fuerza el miedo… e inhabilitarme. Y encerrarme en mí.

¡Claro que tengo miedo!

Pero esta vez, lo quiero vencer.

¿Por qué tanto cariño?

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De dónde surgen tantas sonrisas,

Tanta amabilidad,

Tanto cariño?

¿De dónde, si apenas nos conocemos,

Apenas compartimos nada

Y apenas si te hablo?

¿Es que ves en mí

Ese nerviosismo agudo

De no saber cómo abordarte

De no saber cómo decirte

Que me encantaría ser tu amiga?

¿Acaso ves, en serio,

Toda mi torpeza

En mi actuación social?

¿Podría ser cierto que me entendés

Y que me querés

Y por eso me ofrecés tu amistad?

Y yo no me siento digna de tanto cariño…

Pero te lo agradezco de corazón,

De toda sinceridad.

Te agradezco que me elijas

Para estar en esos momentos que,

para mí,

Son los más difíciles

Te agradezco porque,

A pesar de mi torpeza

De ser social

Elegís estar conmigo en las buenas

Como pocos antes lo han querido.

Gracias, por invitarme a ser tu amiga

Amor asíncrono

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Se cierra sobre sí mismo el día.

Entre gotas de lluvia se vueve acorazado.

Y en silencio,

se relaja

y se va a dormir.

 

Yo lo sigo,

sumisa, en silencio.

Al fin y al cabo es el reloj el que dicta mis días,

mis latidos y mi ritmo.

 

Me acuesto en mi cama

esperando tus besos

y tu calorro especial, mi amor.

 

Y otra vez

la vida asíncrona

nos da un día a destiempo.

 

Vos florecés mientras yo anochezco.

Prendrés las luces del carrusel

mientras pinto estrellas y lunas en mi cielo.

 

Mi cama se llena nuevamente

sólo de mi cuerpo,

que espera al tuyo,

que amanece.

 

Otra noche sin vos

Cazadora caza cazadora

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Anoche tuve un sueño. Y digo un sueño sólo porque no fue real… No en el sentido de carne y hueso, pero sí que lo fue.

Te vi.

Dolida.

Lastimada.

Con los dientes afilados relucientes… Lista para toda caza.

Pero no querías cazar.

Hay quien caza por comida

Y hay quien lo hace por temor a ser cazado.

Y vos estaba dolida. Con furia. Desangrándote. Hundida hasta la médula, con las mano selladas y los labios atados.

Tu mirada era una afrenta. Unos ojos feroces a los que me fue difícil mirar. Fue difícil sostenerte la mirada.

Te vi.

Te marchaste con los dientes enfundados en tu puñal ávido de sangre.

Te vi.

Buscabas desaparecer y no encontrabas cómo.

Te vi.

Y no me viste matarte.