Rota.

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¿Qué tan rota se puede estar sin saberlo, siquiera?

Me dije que estaba entera.

Que me había decidido justo a tiempo.

Que esta vez no me había dejado lastimar.

Que me sentía bien.

Que estaba bien.

Que me sentía querida, valorada… Amada.

¿En qué momento me rompí? ¿cómo y cuándo dejé que sucediera?

Estoy rota.

Destrozada.

Sintiendo que merezco poco.

Sintiéndome un despojo. Y cómoda, aunque destrozada, con esa idea.

Es horroroso.

¿En qué momento me rompí?

¿Cómo fue que me liberé?

¿Cómo lo permití….?

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Entrada teatral

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Acto primero. Una canción.

Acto segundo. Tu mano.

Acto tercero. Nuestro amor.

“…Y como te estoy extrañando al punto que las rosas se resquebrajan en lágrimas carmesí, decido pintar una poesía.”

Me dijiste que no me enamore… ¿en verdad me lo pedías?
Mi corazón estaba en aguas tranquilas
escondido en los recovecos de un pequeño golfo…
cuando pronunciaste justo
aquellas palabras que lo cambiarían todo.

Tocaste a mi puerta… No,
en verdad que sería injusto decirlo así.

No hubo nada de sutileza en la forma en que me aferraste,
en que me robaste el corazón.

Fue besarte fuera de tiempo y espacio…
Fue sentirte en alma primero…
Fue escuchar tus labios hacerse canción…

Fue la irrupción más insolente y hermosa, más atrevida y encantadora con que pudiste haber llegado.

Un torbellino.

Una tormenta.

El viento.

Vos.

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Radioactivo

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Líneas implosivas de colores
lluvias transparentes
de fina unión fluor.

Radioactivo.
Miles de girones aleatorios
floreándose desde ningún lugar,
y hasta la punta de mis pies;
sin poderse escapar.
un hilo fino sabor carmesí
incrustado en cada silencio de mis huesos,
calando profundo
el estallido de un mundo irreal.
Cae y salpica de sol
el terrible andar de estos trazos,
retorciéndose en mi cuerpo,
resbalandose por la línea de tus labios
de rojo y mar.
Respirando las olas blancas
de cuerdas temblorosas, vibrantes;
de nubes eléctricas,
de rocas moliéndose.
De vos.

Nuevamente en vilo

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“Respirar y escribir”

“El mundo lo veo desde afuera, soy una espectadora. O tal vez, una actriz que escucha en el viento las palabras del director. Soy el viento, o la hoja del árbol que se mueve con él. No soplo, soy el viento. Tal vez por eso no me pegan las cosas tan fuertes… o al menos me gustaría que así fuera…”

La idea, la propuesta de este año, es volver a escribir. No sé si seguirá siendo esta la forma, tal vez necesite un poco del ave fénix para volver con más fuerzas. Sé que, por ahora, este es un espacio donde, entre mates virtuales (de esos que no me hacen daño al estómago ni a los nervios), puedo hablar con palabras cruzadas y expresarme tranquila, con las vueltas y vuelos que desee. Sé que, tras la pantalla, algún que otro par de ojos acepta la propuesta de esta manera de expresión, y está ahí sin necesidad de gritarlo.

Yo no quiero crearme una película de mi vida. Quiero vivir mi vida, quiero ser. La vida es demasiado preciosa como para desperdiciarla creando historias absurdas que nublen su belleza; enroscadas y turbias para crear “más adrenalina”. La vida ya tiene adrenalina suficiente como para querer inventarme más. De hecho, la vida ya es demasiado larga y, quién dice, absurda o tediosa, a veces. Pero me gusta. Sé que a veces me gusta más, y otras veces me es indiferente, pero acá estoy. Decido vivir.

Entonces, sin ánimos de pretender vivir algo que no es, decido vivir las cosas como me vienen. Y son bellas, aunque algunas duelan.

Y se da, hoy, que tal vez las cosas empiezan a ser tan claras como aquella vez. Lo obvio, es tan obvio, que a fuerza de repetir la obviedad, parece mentira y hasta inaceptable. Yo quisiera que esa obviedad sea falsa, como hasta ahora las olas me prometían con amor y dulzura. Pero…

“es tan grande que no se ve”

Tal vez caí ciega, en un juego de ciegos que quieren no ver y no sentir cosas que ven y sienten. Tal vez, siento, pero no veo. Y ahora, quiero ver.

No sé si predisponerme a la amarga posible realidad, o a la linda y alegre realidad que viví hasta hoy.

Nuevamente, en vilo.

Año de cambios

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Cayó una hoja de un árbol.
La vi caer lentamente,
sin prisas,
sin demoras.

Era una caída inversa:
caía en picado hacia el cielo
batiendo alas,
impulsada por la fuerza del viento.


¡Hola! Estoy intentando retomar esto de escribir. Claramente hoy no es el mejor de los días, al menos no en inspiración. Pero algo es algo y acá estamos.

Comenzando un 2018 a pleno, con muchos cambios fuertes que seguro traerán buen oleaje y brisa fresca.

¿Y vos? ¿cómo lo comenzaste? ¿también patas para arriba como yo?

No te preocupes, los cambios sólo podemos vernos cuando estamos preparados y con las herramientas para enfrentarlos. Así que sé que podés tomarles la mano y entenderte con ellos. ¡Animo!

Un sentir dicotómico

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¿Sentir? ¿Esto era sentir?

Me quedé en la parte más baja del subibaja, aferrada a los recuerdos de cuando volé alto.

¿Esto era sentir? ¿Así es como se vivía?

¿Y cómo se sigue, con esta herida que llega a la garganta y corta la respiración?

¿Cómo se vuelve a soñar con los tesoros celosamente guardados? ¿Cómo se vuelve a soñar cuando sabés que ambos nos destruimos juntos a pedazos?

¿Cómo se atreve, la Vida, a jugarme una partida como esta? ¡Es trampa! En algún lado debe poner que esto es trampa. ¡Es trampa!

Dos manzanas deliciosas, y sólo una boca para comer. Elegir. Elegir. ¡Si a ambas las deseo por igual! ¡Si las quiero, si las amo como nunca creí que alguien pudiera sentir!

Vida, ¿por qué hacés esto? ¿Qué tengo que aprender?

Suelto, suelto. Te suelto…

Te suelto con amor. Como nunca antes pude hacer. ¿Por qué ahora? ¿Por qué no antes? ¿Viniste sólo a enseñarme cómo soltar? ¿O estabas aquí por algo más?

La incertidumbre del “podría haber sido” me consume. Pero seré fuerte, por los dos.

Te amo.

Lunymar, luna y mar

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Lo menos que puedo hacer, es dedicarte estas palabras. Y esta canción.

La Luna y el Mar, cierta vez se enamoraron.

Él, encandilado por la luz de su sonrisa. Ella, porque veía en que en sus ojos habitaban las estrellas y galaxias.

Se sonrieron al verse, la vez primera. Se rieron juntos, cuando se conocieron.

En el momento en que se acercaron lo suficiente para mantener una charla al oído, descubrieron sus corazones y quedaron enredados.

Todas las noches se acercaban lentamente, a la distancia, y conversaban de alienígenas y desafíos, de desamores y colores.

Con el tiempo, descubrieron que se querían.

Era un amor sólido, un cariño fuerte. De esos que parecen inquebrantables. De esos por lo que darías todo. Por lo que darías la vida.

Por los que te sentarías todas las noches a ver la luna y pedirle que cuide a tu amada. Por los que soltarías amarras y ancla, para dejar que él navegue y encuentre su puerto.

Una noche, un brujo les concedió el deseo que ardía en sus corazones.

Porque Mar y Luna se deseaban.

Su amor era sin barreras, tan profundo y ancho que no cabía en las medidas de los mandatos sociales. Su amor era único y puro. Aunque lleno de espinas.

Ella se convirtió en mujer. Él se convirtió en hombre. Y esa noche sus manos se encontraron juntas.

Caminaron por calles desconocidas, con el único deseo que la noche no acabase nunca. Caminaron escondidos del resto de los mortales, escondidos en un abrazo, de esos que llevan siempre las parejas enamoradas.

Caminaron hasta que les salieron ampollas en los pies. Y entonces, descubrieron sus labios.

La luna no tiene labios, aún si ha besado al universo cientos de veces. El mar no tiene boca, aún si besa las costas de arena con cada ola.

Descubrieron sus labios en los labios del otro. Descubrieron su piel cuando se tocaron con las manos. Descubrieron que había estrellas nuevas, cuando hicieron el amor, y el amor los envolvió.

Descubrieron que se amaban, y que eso era amor.

Eso era amor.

El hechizo se acabó.

Ella entre sus brazos, él perdido en su boca. La luna volvió a ascender al cielo como un cuerpo celeste, despojada de la piel que antes se hubiera fundido con él.

El mar volvió a llenar el mundo con su capa azul profundo, desgarrado su cuerpo en infinitas lágrimas de agua y sal.

Ella supo. Ella entendió. El hechizo había terminado, y su amor volvía a ser el infinito.

El no pudo. No lo soportó. Y se destrozó las lágrimas hasta convertirlas en proyectiles  sangre y dolor.

Su sangre, un torrente sin fin… manando de un cuerpo lacerado. Su sangre, una última esperanza de crecer lo suficiente. Su sangre, toda la que había, para crear la ola más grande que nadie hubiera visto. Su sangre, la gran ola.

Sólo por volverla a ver. Sólo por volverla a besar.

Su sangre. Toda su sangre…

Y ella seguía lejos, e imposible.

Decidió creer que ella ya no le amaba. Decidió creer que ella nunca le había amado. El enojo es más tolerable que el dolor. Es más enérgico y te hace sentir más fuerte.

Él quiso matarla. Quiso destruirla al completo por tanta sangre fría que corría en sus venas de luz radiante.

Miró al cielo. Quería ver una última vez el rostro de su amada. Quería verla cuando le clavara el puñal. Quería mirarle a los ojos cuando la asesinara.

Y la vio mirándolo. Mirándolo con ternura, con cariño, con amor.

A ella le bastaba saber que él estaba allí, viviendo su vida bajo su mirada de amor. Sin esperarla jamás. Viviendo con esmero la vida.

Mar, Ella aún te ama. Con tanta intensidad como el amor lo permite. Con tanta profundidad como el infinito.

Mar, Ella aún te ama.

Aunque de otra forma.

Ella aún te ama, ser de con ojos de otros mundo. Te ama, ser de los ojos llenos de universo.

Ella aún te ama. Y ya que no pudo retenerte en sus brazos, se hizo una con el universo para sentirte cerca. Y allí aguarda. Allí te espera.

Espera con paciencia vuestras charlas, tus palabras… Te aguarda para arropar este cariño, este amor tan profundo, con ropas de amistades. Para quedarse cerca.

Porque es la única forma de quedarse cerca.

Para verte brillar, a la distancia.

Ella te ama, aun de otra forma. El amor cambia de forma, pero el cariño queda intacto.

Ella te ama, ojos de universo. En su corazón tu amistad está grabada en fuego eterno y te esperará.

Ella te ama, corazón de lágrimas profundas.

Y sabe -y confía- que algún día buscarás llegar alto, para volver a construir ese cariño oxidado.

Y espera -y confía- que algún día mirarás al cielo y recordarás que la verdad fue absurda, pero estuvo plena de amor y cariño. De sinceridad y de amor profundo, intenso y dicotómico.

Ella aguarda -y confía- que algún día volverán a las charlas infinitas. O tal vez serán de tiempos recortados.

Pero sabe, de verdad sabe esto: volverán a amarse con la ternura de dos compañeros que juegan a salvar mundos.

Ella te ama. Te espera. Y si esta vida no alcanza para esperarte, reencarnará en una libélula, en una estrella, y caerá del cielo en tu búsqueda.

Para él.

Con amor,

Gi